Muchos años no son suficientes

A veces me pongo a pensar en todos aquellos que se fueron para no volver. A algunos les recuerdo con cariño, otros con tristeza y otros con una indiferencia asesina.

Personas que entraron en mi vida sin saber cómo ni por qué, aquellas que entraron sin antes llamar a la puerta, a esos poco privilegiados a los que recibí con alfombra roja para luego salir  por la puerta de atrás e incluso a esos pocos que no me atreví a invitar a pasar. Me acuerdo de todos. También de los brutos que entraron a la fuerza rompiendo el  pestillo de seguridad, a los que negué la entrada y a quienes rechazaron mi invitación.

Pienso en mi familia, amigos, ex… muchos ex (examigos, exnovios, exfamilia -porque sí, de la familia uno también puede separarse) y en aquellos a quienes admiro, esos a los que he convertido en ídolos porque sí. Pienso en todos ellos, a los que conozco, a los que no  y a los que me niego a dejar ir.

Los días pasan hasta convertirse en años, y toda esa gente a la que hicimos un hueco en nuestra vida se marchan. Igual que nosotros. Nosotros también nos vamos para no volver. Y pasa el tiempo y todas esas personas especiales resurgen en nuestra memoria, a veces rugiendo con fuerza, otros como un breve susurro del que apenas somos conscientes. Pero siempre vuelven. Siempre les invitamos a hacerlo.

john lennon
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También ellos, nuestros ídolos, tienen su lugar en nuestro mundo. Personas que creemos conocer gracias a lo que hicieron pero a quienes nunca tuvimos el placer de estrechar la mano. Y esas que llevan años muertas  -muchos, pocos, siglos, no importa- y recordamos cada vez que ponemos un disco suyo o leemos una obra que por mucho que releamos nos sigue emocionando. Actores que nos evocan épocas jamás vividas y hacen que nos imaginemos una vida totalmente distinta a la que tenemos. Es curioso ver cómo podemos recordar tiempos que no son nuestros, solo a través de ellos.

Me fascina observar lo poco que importa el tiempo cuando se trata de recordar a personas queridas o a aquellas que nos marcaron de un modo que no llegamos a comprender. No importa cuánto haya pasado, seguimos hablando de ellas, recordándolas, sintiéndolas, porque muchos años nunca son suficientes.

Sed buenos
Danae
 

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